En la cama, con la sábana hasta la nariz, veía a todas sus criaturas mirarla temblorosas. Hacía mucho que no dormían, tanto que sus ojitos de botón y sus narices de cristal se habían vuelto de carbón y hueso, y sus cuerpecitos rellenos de lana y azúcar habían encogido y parecían rellenos de cemento.
- ¿Porqué no dormís? – preguntó la maga con un hilo de voz.
- Ya lo sabes...-sollozó Manostontas.
- Pero no puedo hacer nada... – se incorporó y todas las criaturas se subieron a su cama.
- Si que puedes...se supone que eres maga ¿no? – dijo Setavenenosa.
- Si, pero hay veces que la magia no funciona...simplemente no puedo...
- ¿Y porqué no utilizas una de esas hierbas dormilonas?-preguntó Conejorosa.
Una de las hierbas dormilonas se despertó y se agitó con fuerza.
- No puedo...Tendría el sueño de los tontos y vosotros desapareceríais.
- Pero estamos muy cansados...-susurró Serpientecabezuda.
- Venid... – les pidió la Maga abriendo los brazos.
Todos se abalanzaron sobre ella y la Maga les abrazó con fuerza, y les cantó una canción mágica para que pudieran dormir un rato.
En la colina de los ratones,
El rey Ratón duerme con su reina,
Y sus pequeños y suaves ratoncitos
Con las patitas enfundadas en mitones.
La luna los mira y canta,
Una canción eterna que nadie conoce;
Sólo ella y sus amantes,
Y tal vez el sauce y el lirón.
Duermen plácidamente
Arropados por la noche,
Rodeados de sueños que huelen a queso y vino viejo,
a almendras y a tarta de limón.
El rey Ratón, con su reina,
Y sus pequeños y suaves ratoncitos
Con las patitas enfundadas en mitones.
Sus criaturas se durmieron, pero ella sabía que su sueño no duraría mucho, sólo hasta que el rey Ratón se despertara.
Miró por la ventana, des de donde se veía un mar infinito y su barco negro anclado, esperando partir pronto.
Ha llegado el momento, pensó.
Dejó a sus pequeños en la cama, y les besó uno a uno en las suaves barriguitas que se movían tranquilas y acompasadas.
- Pronto volveré – susurró – Lo prometo.